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Clínica Veterinaria La Plaza

Clínica Veterinaria La Plaza, el feudo de perros y gatos

Inés Domínguez y Clara Zenker son las caras visibles de la Clínica Veterinaria La Plaza, un proyecto que comenzó a andar en el año 2001 con Inés como cabeza visible y al que Clara se incorporó en el 2010, primero como trabajadora de la Clínica y luego, a partir de 2015 como socia de Inés y ya en la ubicación actual de la Clínica, en la calle Francisco Valiño.  

Clara e Inés forman un tándem apoyado por Enar, desde su posición de auxiliar veterinaria, que tiene en el centro de toda su acción a los perros y los gatos, protagonistas absolutos de una Clínica que está especializada al ciento por ciento en estos animales.

 

Ambas explican que en los más de veinte años que llevan con la Clínica abierta, el mundo de la veterinaria ha cambiado de una forma exponencial. Recuerdan que “los animales han pasado de ser en muchas ocasiones un complemento al trabajo a ser uno más de la familia”. Un cambio cultural muy importante que ha transformado las casas, la vida de las familias y también el mundo de la medicina veterinaria.

Clara, echa la vista atrás para recordar que “hace veinte años, costaba mucho que un dueño se implicara en la salud del animal, hacer pruebas, cirugías, invertir tiempo y dinero. Había quién lo hacía, pero era una minoría. La mentalidad ha cambiado mucho, incluso de quienes ya teníamos el perro en casa

La gente invierte mucho más y eso es bueno porque es medicina preventiva, que es lo que importa. En cuanto a los gatos, el cambio ha sido enorme. Antes, estaban en el jardín y ahora muchísima gente tiene un gato como animal de compañía y además, diríamos que los propietarios de los gatos son personas especiales” añade con el convencimiento del profesional que ha visto evolucionar el sector a lo largo de los años.

Inés explica que el gato es un animal completamente distinto al perro “al que hay que tratar de forma diferente. En la Clínica, tenemos dos consultas: una para los perros y otra de gatos. Yo me he especializado más en medicina felina y Clara en el tema de perros. El gato exige un manejo completamente distinto y eso ha impulsado un cambio muy importante en la medicina felina”

Aseguran que en el trabajo en una clínica veterinaria hay que ser un poco psicólogos con los dueños de los animales. “Es algo que no se aprende en la carrera y que se adquiere con el día a día y con los años de experiencia. Muchas veces, cuando entra un animal por la puerta, tienes que evaluar no solamente al paciente sino también al propietario, que en ocasiones necesita que le escuches”

Clara e Inés se reparten el trabajo diario en la clínica apostando siempre por la conciliación familiar, algo completamente fundamental en su proyecto profesional y de vida, lo que incide en que después de más de dos décadas con la puerta abierta, “sigamos enamoradas de nuestro trabajo”

Reconocen, sin embargo, que convivir con la enfermedad y la muerte de los animales es “difícil” y es algo que “hace que muchos veterinarios, por exceso de empatía, abandonen la profesión. Nosotras tenemos mucha empatía con los animales, pero somos capaces de separar y asumir cuando sucede. Lo que llevas muy mal son tus propios errores. En esos casos, te pasas muchos días dándole vueltas y se pasa muy mal. Es algo que forma parte de nuestro trabajo”. Por el contrario, “cuando salvamos un animal o resolvemos un caso complicado, es una gran satisfacción. Se te pone la carne de gallina. El hecho de que sea una profesión vocacional y esto nos guste, hace que vivamos este trabajo. Esos días, sales encantadas de la clínica, pensando ‘mira lo que he hecho con este animal, lo he logrado salvar”

 

Aseguran que en El Escorial hay un buen estado de salud de base en los perros y gatos del pueblo. “En general hoy en día la gente se preocupa por sus perros, todavía hay algunos que están chapados a la antigua que dicen ‘le vacuno de la rabia y poco más y si le pasa algo, pues qué le vamos a hacer’, pero en general sí se preocupan. Antes era muy habitual ver a los animales con garrapatas, con pulgas, animales que solo venían a vacunarse de la rabia una vez al año, animales que estaban de higiene regular…  y ahora eso ha cambiado, porque lo que te digo la sociedad ha cambiado con el trato a los animales en general. Hay mucha gente que a la mínima que notan algo raro acuden al veterinario y luego hay un elevado de porcentaje de gente que se gasta cantidades importantes en que el perro y el gato estén bien”

 

Como sucede con los humanos, el aumento de la longevidad de los animales ha traído enfermedades como los tumores oncológicos o en el caso de los gatos las enfermedades renales crónicas, pero en general, las enfermedades que se tratan son de carácter leve gastroenteritis sin específicar, procesos respiratorios de vías altas; catarros…

El futuro de la profesión, cuentan, pasa por la formación continua, que “es completamente necesaria” apuntan porque es “indispensable estar en constante reciclaje” y sobre el futuro personal no tienen duda: “Queremos jubilarnos aquí. Nos va bien, tenemos muy buenos clientes y seguir cuidando sus animales como hacemos desde hace ya más de dos décadas”