Arte Índigo, el color del alma
“Un sueño”. Con estas palabras define Marisa Suárez Vega el nacimiento de Arte Índigo ( Calle de La Independencia, 2).
Marisa echa la vista atrás para recordar sus años trabajando como dependienta y su idea de montar un negocio propio. El sueño, que aún continúa, comenzó a hacerse realidad en el año 2006. Por aquel entonces, trabajaba en una tienda de artesanía mexicana. Había llegado el momento de dar el salto, buscar un local que se ajustara sus necesidades y comenzar una nueva andadura.
La oportunidad que buscaba surgió en El Escorial. Desde entonces, han transcurrido ya 18 años “en los que ha habido momentos de todo tipo” comenta Marisa, desde la puerta de su pequeño local.
Pero empecemos por el inicio. Arte Índigo es una tienda especial, un proyecto singular que refleja muy bien la personalidad de Marisa desde su mismo nombre.
El índigo, cuenta, “es el color del alma. Soy una soñadora y siempre creo que hay gente que viene a hacer las cosas a este mundo mejor que nosotros. Tengo mucha positividad y yo creo que la transmito en mi tienda. La clientela y lo que rodea a Arte Indigo hace que las energías se muevan. Tengo una suerte bárbara que me hace feliz por vivir de lo que me gusta”.
Toda una declaración de intenciones sobre un proyecto que se ha hecho un hueco en el comercio de El Escorial y la Sierra de Guadarrama con una propuesta completamente singular, diferente, que transmite una forma de entender la vida que lleva el sello personal de su propietaria y alma mater.
Marisa, recuerda que “el día en el que abrí la tienda estaba muy nerviosa. Pensaba inaugurar el 1 de octubre y abrí el 6. Los primeros clientes que tuve fueron unos ingleses. Hoy en día, siguen siendo clientes” explica con una sonrisa que denota el trabajo bien hecho en su rostro.
“En aquel entonces, me dedicaba a la decoración, pero en 2007/08 me reinventé y me metí en algo desconocido como era el textil y los accesorios” añade.
Aquella decisión, posiblemente, salvó el proyecto reconoce Marisa, que explica que “de estar a punto de cerrar, a resurgir como el ave fénix. No tenía ni para pagar la calefacción. Un buen amigo, que se dedica al comercio, me dijo que esperara un poco y después de pasarlo mal, resurgí y a día de hoy, sigo creciendo día a día”
La originalidad de Arte Índigo se aprecia desde el mismo momento que entras por su puerta. Te encuentras un pequeño local, repleto de productos: telas, accesorios, abalorios, ropa, complementos….todo se agolpa en un perfecto desorden ordenado.
Marisa ahonda en esa sensación de singularidad al afirmar que “todo mi producto es original. Compro todo de forma personal. Necesito la vista y los sentidos para comprar. Todo lo que tengo en la tienda lo traigo como si fuera para mí misma. No encontraras dos productos iguales. Hay una cosa de cada y todo ello en una tienda muy pequeña. No es un comercio globalizado, es un comercio pequeño pero único en El Escorial”
Arte índigo ha cogido carrerilla. Sus mejores épocas son el verano y las navidades, pero Marisa reconoce que “el reto es el día a día. No me propongo alcanzar grandes metas de cara al futuro, nada más allá de tratar a la gente como si fuera yo misma. Me gusta el trato personal, el respeto al cliente y la calidad. Esa es mi idea principal”
“Intento siempre dar un trato completamente personal. A veces, he dedicado a una venta más de una hora. Creo que eso es muy importante. Somos una tienda de pueblo y la relación con los clientes, con el paso de los años, se ha hecho muy estrecha”, añade.
Marisa asegura vivir al instante, el día a día, apoyándose en todas sus acciones en la “inteligencia emocional, que es algo que no percibes cuando eres joven” y es por ello quizá, que aquel sueño que comenzó un 6 de octubre siga plenamente vigente casi dos décadas después y pervive siendo fiel completamente a una filosofía de vida que se percibe en cada uno de los rincones de la tienda, de Arte índigo, el color del alma.