Bar Danyo
Bar Danyo, una historia de familia
La historia del Bar Danyo es una historia de familia que tiene dos partes bien diferenciadas pero un mismo nexo común, un hilo conductor que nos lleva desde la calle Gabriel Usera, en el madrileño barrio de Usera, en Madrid, hasta la urbanización de Los Arroyos.
Corrían los primeros años de la década de los 90, cuando Daniel y Angelines decidieron dar un cambio a su vida y convertir sus visitas de fin de semana y de verano a Los Arroyos, donde tenían un piso, en un modo de vida.
Fue una decisión meditada. Cambiar el bullicio de su barrio en Madrid por la tranquilidad de El Escorial y su entorno.
En Usera tenían abierto un bar, el Danyo original, pero dieron un paso adelante y compraron un local en el Centro Comercial de Los Arroyos. Era un espacio que ya tenía tradición hostelera. Daniel y Angelines trasladaron su proyecto de Madrid hasta la urbanización en la que disfrutaban de periodos de descanso. Durante varios años, compaginaron el Danyo de Usera con el Danyo de Los Arroyos, que abrió sus puertas en el año 92.
Entre aquellos mostradores y fogones primigenios ya se manejaba Yoel Fernández. Tenía apenas 13 años y al salir del colegio ayudaba a sus padres en el bar. El pequeño Yoel observaba y se empapaba de la vida y funcionamiento de un establecimiento hostelero. Se crio entre la barra, las mesas, sillas y tertulias de los clientes. De sus padres, reconoce, “aprendí todo. Desde tirar una caña, a limpiar la barra pasando por la atención al cliente, a vivir tu trabajo, a ser amable y estar atento a las necesidades de las personas que están en el bar y sobre todo, a dar un trato amable y más en un pueblo en el que somos todos conocidos. En un bar de este tipo eres un poco psicólogo porque llevas toda una vida compartiendo con muchas personas”
Yoel recuerda que “pasar del barrio a la urbanización fue un cambio muy importante. Durante varios años, mis padres estuvieron compaginando el bar de Madrid con el Danyo de la urbanización”.
Echa la vista a atrás y reflexiona sobre unos inicios que “fueron como eran las cosas en aquellos años de los noventa: un verano muy fuerte y luego un invierno muy tranquilo. Era una zona de veraneo total. Los pocos que vivían aquí, trabajaban en Madrid. En verano, la tranquilidad se transformaba en un boom total. Hemos vivido un cambio social que ha pasado de urbanización de fin de semana y veraneo a ser un pueblo. Hemos crecido mucho y desde la Pandemia aún se nota más. Ha venido mucha gente a vivir aquí en los últimos años”
Esa tradición familiar que Yoel vivió desde pequeño es la base del trabajo de toda una vida y de que el negocio mantenga la esencia del que montaron sus padres. Un concepto que sigue plenamente vigente y que casi se puede respirar nada más pasar el umbral de la puerta del bar.
Comparte vida y trabajo con Maribel, que es la encargada de la cocina, la mano que hace magia entre unos fuegos donde se apuesta sin fisuras por la “comida casera y tradicional, entendida como una cocina sin florituras, con ingredientes de toda la vida, buena calidad, buena mano de la cocinera.
Platos de cuchara y como se ha hecho toda la vida y sin atajos”
“Mi madre era también cocinera y fue la que lideró el cambió de guardia con mi mujer. Tenemos menú todos los días, cocido madrileño todos los viernes, raciones y especialidades como la oreja a la plancha, que es nuestra joya. Vienen incluso personas desde fuera del pueblo para probarla. Tiene mucha fama”, añade Yoel.
Se hizo cargo completamente del Bar familiar “en el año 2009 o 2010” y desde entonces ha continuado con el proyecto que iniciaron sus padres dando “continuidad absoluta al trabajo que ya hacíamos. Hemos cambiado pocas cosas: en la carta metimos hamburguesas y platos combinados, pero poco más hemos variado”
Para los próximos años, Yoel reconoce que llevamos tiempo pensando en hacer una reforma al bar, ampliar un concepto como es la comida para llevar, que hicimos durante la Pandemia, pero no le dimos continuidad. Es una cosa que estamos pensando. Obligaría a un cambio importante de personal y logística. Llevamos toda la vida y nunca nos ha ido mal, pero queremos darle otro aíre al bar”
Los tiempos cambian, Los Arroyos se han convertido en un pueblo donde la gente vive y disfruta, con un alto nivel de población y eso se nota en el día a día de un establecimiento ubicado en una zona donde hay una importante oferta hostelera, algo que Yoel ve como “positivo” a pesar del hándicap que supone “estar en una primera planta, por lo que siempre ha sido un poco más complicado aunque el llevar tanto tiempo, la gente te conoce pero al principio costó un poco más”.
El Danyo nació como un proyecto familiar y lo sigue siendo al ciento por ciento. Los tiempos evolucionan y Yoel y Maribel ajustaron tras la Pandemia los horarios para poder compaginar vida familiar y trabajo. Ahora abren a las 12.00 del mediodía, un margen de unas horas que permite desayuna o llevar al colegio a sus hijas o atender asuntos domésticos en las primeras horas de la mañana. Es la esencia de un negocio en el que la familia es la base total del proyecto y en el que el sabor de la buena cocina y el trato del bar de siempre siguen siendo parte fundamental e innegociable del Danyo, un bar de barrio trasladado a un pueblo y en el que los pasos de los años no han hecho más que agrandar la leyenda de algunos de sus platos como la oreja a la plancha, del que guardan celosamente el secreto de su elaboración. Habrá que visitarlo para intentar descubrirlo.