El Café de Carol, sabor a café de toda la vida
Esta historia no comienza en El Escorial, se inicia en República Dominicana, en un establecimiento que se llamaba ‘La Ocoeña’ y que gestionaba la familia de Carolina Tejada. Era una casa de comidas que tuvo un gran éxito en la localidad de San José de Ocoa.
Carolina, la pequeña de nueve hermanos, recuerda aquellos tiempos con nostalgia. En esa cocina se cocinaban los mejores callos de la zona y Carolina veló sus primeras armas de cara al público como encargada de hacer los batidos naturales de fruta para los desayunos en un negocio familiar que ganó fama y le permitió conocer desde muy pequeña los rudimentos esenciales de la hostelería.
En el año 1993, desembarcó en España, en la Sierra de Guadarrama. Comenzaba una nueva etapa que terminó cristalizando en el proyecto de El Café de Carol, un local en el que inició su andadura como empleada cuando no era El Café de Carol sino el Alaska y del que poco más de un año después de subir la persiana, se convirtió en propietaria y dio el pistoletazo a una nueva etapa.
Comenzaba en ese instante otro camino en la vida de Carolina Tejada. Cuenta que “tenía la idea de empezar un proyecto propio, pero siempre me había fijado más en un restaurante que en una cafetería. La gente me empezó a conocer y me decidí porque vi que había una base para empezar a andar”
Los comienzos nunca son fáciles. Poco a poco empezó a levantar el negocio, situado en un espacio emblemático de El Escorial como es la linde con la Plaza de España, auténtico corazón de la localidad. Corría el mes de diciembre de 2015.
“Cuando empecé, El Café de Carol tenía la fama de ser bollería y cafetería. Los inicios fueron muy complicados. Vi las posibilidades de la terraza, que es magnífica porque, además, tenemos las dificultades del local, que es muy pequeño y nos impide hacer muchas cosas” explica Carol.
Esa terraza, entre soportales de piedra, es una de las joyas de El Café de Carol y además, da vida al Café, que en su interior cuenta con una pequeño pasillo y sala que se articula en torno a una barra donde se guardan con mimo churros, porras, tostadas y diferentes productos de bollería elaborados con mimo.
Además, el tiempo ha permitido ir evolucionando poco a poco el negocio. La cafetería sigue siendo la base, pero han aparecido buenos vinos, cervezas y aperitivos que convierten El Café de Carol y su terraza en un refugio en los fríos inviernos y un espectacular aval durante los meses de verano.
Carol no para. Su cabeza siempre está dando vueltas a como crecer. En su espíritu aún hay mucho de esa alma emprendedora que su madre y familia construyó en torno a aquel templo gastronómico que fue ‘La Ocoeña’.
El presente y el futuro pasan por El Café de Carol, “es la base de todo” reconoce, pero al mismo tiempo advierte que “es un negocio que quiero potenciar y siempre tengo en la cabeza montar algo de tapas, con aperitivos contundentes y mezclando la gastronomía de España con la de la República Dominicana. Es algo complicado porque no es fácil. En un negocio de este tipo, no descansas”.
Sin embargo, el día a día de El Café pasa por las mesas de la terraza. Llenas casi siempre de una clientela fija, amante del buen café que sale de una cafetera que no para de funcionar dentro del establecimiento. “Es una clientela de gente trabajadora”, dice Carol, que añade que los fines de semana varía porque “vienen deportistas, visitantes o incluso un grupo de la Iglesia de San Bernabé, que gustan de disfrutar un rato de una buena conversación y un buen café tras la misa”.
Carol asegura que “el secreto es estar siempre evolucionando, trabajar bien, cuidar de manera especial al cliente y conocer cómo le gusta, por ejemplo, a cada persona su producto preferido. Nunca servimos un café, porque tenemos jaleo y te pongo lo primero que encontré. Preguntamos al cliente cómo lo quiere; servimos la leche en la mesa, siempre con mimo y atención…”
Esa es la esencia del éxito de un pequeño negocio con alma y que forma parte del latir cotidiano de El Escorial, sobre todo en la matinal, cuando el buen café es más necesario que nunca.