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Cafetería Segovia

Cafetería Segovia, el bar de toda la vida

Un bar familiar, de ‘toda la vida’, es mejor definición de la Cafetería Segovia, uno de los establecimientos clásicos de El Escorial y que tiene sus puertas abiertas desde el año 1974.

Sin embargo, la historia actual comienza en el año 1988, cuando los hermanos Juanjo y Francisco Javier Carretero decidieron dar un paso adelante y asumir la gestión de la cafetería. Una relación de larga duración que tuvo un punto y aparte hace un par de años, cuando Juanjo se jubiló y entró como socio Javier, hijo de Francisco Javier y que dio también el paso adelante para asumir la gestión del negocio junto a su padre. Un salto natural: Javier llevaba más de diez años trabajando ya como empleado en el negocio familiar.

Con la incorporación de Javier, se estableció una relación padre e hijo que se fundamenta en el diálogo y en la experiencia. Un binomio que solamente se alcanza tras llevar toda una vida detrás de una barra y gestionando un establecimiento hostelero que se ha convertido en una referencia en el pueblo gracias a una fórmula que parece sencilla pero que implica mucho trabajo y experiencia detrás: profesionalidad en el trato; una carta de comida clásica y abundante y el saber hacer de quienes llevan años trabajando en el sector.

Javi padre y Javi hijo se entienden perfectamente. Es algo que se nota.  Reconocen que “las decisiones las tomamos a medias siempre. No hay disputa ni malentendidos. Si proponemos una cosa, la estudiamos”.

El bar ha ido cambiando con el devenir de los años. Han ido haciendo pequeñas reformas para adecuarse al paso de los tiempos, pero la esencia sigue siendo la misma, la de siempre, la que ha permitido ‘al Segovia’ llevar medio siglo con las puertas abiertas. Un hito.

En las paredes del Segovia se pueden ver fotos antiguas. Forman parte de la memoria del pueblo. Son imágenes que cuentan el día a día de El Escorial que “fue recopilando mi hermano Juanjo buscando en el Archivo o con donaciones de clientes” cuenta Javier.

Ese mural con imágenes en blanco y negro es el reflejo de lo que es la Cafetería Segovia, un establecimiento donde los clientes son los protagonistas. Se cuida a las personas. Es una seña de identidad que resumen al alimón padre e hijo asegurando que “somos un bar familiar, sencillo…Conocemos la mayoría de los clientes con sus nombres y todo. Sabemos del equipo que son, lo que toman”

Por su barra y mesas, son ya generaciones las que han parado por la mañana a desayunar sus barritas con tomate, las porras o churros o el famoso desayuno ‘del leñador’, reservado para aquellos que quieren empezar el día con energía y tienen por delante una jornada intensa.

Hay clientela mayor que lleva años siendo fieles a este modelo de bar de toda la vida, pero poco a poco, ha ido entrando también gente joven quizá “atraídos por la carta de comida, donde vamos metiendo cosas pensadas para ellos” cuenta Javier hijo como “platos algo más sanos como pollo, ensaladas…” añade.

Si de algo están orgullosos es de la fidelidad de sus clientes. Levantan la cabeza y ven clientes mayores “de toda la vida y que viene todos los días. Llega un punto que, si no los vemos un día, nos preocupamos y todo y preguntamos a gente que les conoce”. “Al final, con tantos años, haces lazos con las personas” concluyen.

Francisco Javier y Javier se definen “como enamorados de su trabajo. Si no disfrutáramos con esto, sería imposible aguantar 40 años trabajando en la hostelería. Hay que trabajar en condiciones, a gusto y, sobre todo, dejar tus problemas en casa para atender a los clientes lo mejor posible

Reconocen que ahora viven un buen momento, “trabajando bien y a gusto”. Al dúo, se ha sumado Iván, que es familia y pieza clave en el funcionamiento diario del local. Javier hijo explica que Iván empezó a trabajar “cuando yo tuve problemas en la rodilla. Estuve de baja y es una pieza clave en el trabajo diario. Llevamos todo entre los tres”

La dinámica del Segovia es casi un resumen de la vida de los vecinos de El Escorial: desayunos por la mañana; los fines de semana, grupos a tomar raciones y en verano, es el aperitivo el que gana protagonismo.

El futuro de los padre e hijo pasa, sin duda alguna, por seguir en el Segovia. “Aquí seguiremos” cuentan y Francisco Javier añade que “yo de mi hijo he disfrutado muy poco. Este oficio es muy sacrificado. Por ejemplo, nació el 1 de mayo y ese día, se movía mucho por lo que me bajé un rato a trabajar. Ahora tengo 58 años y cuando llegue a los 65 soy de los que se pueden jubilar, pero ya veremos cuando llegue el momento”.

El hoy por hoy es su cocina, de la que no dejan de salir raciones de torreznos, alitas de pollo, patatas bravas, lacón, calamares…” Javier hijo recuerda que la clave de todo es “la constancia, dar siempre el mismo servicio, con buena calidad, no ahorrar dinero cambiando un producto por otro parecido de peor calidad”. “Te llevas una alegría cuando te felicitan, cuando viene gente de fuera y te ponen una buena reseña o te dicen que les ha gustado lo que han comido”. Esa es la esencia irrenunciable de la Cafetería Segovia, un bar de toda la vida con mucho camino aún por delante por recorrer.