Salón de Calzados Yenni, el arte de cuidar el pie
José María Sánchez es el último de un oficio en peligro de extinción, el de zapatero. Prácticamente, ya no quedan artesanos que reparen el calzado a la antigua usanza. José María es uno de ellos. Aprendió el oficio observando a su hermano, Manuel, con quién ha compartido el negocio durante más de tres décadas hasta que hace poco se jubiló y dejó a José María casi como el último de una estirpe de profesionales que han querido este oficio con todo su corazón y han hecho del cuidado de los pies a través del calzado de los vecinos de El Escorial su forma de vida.
La aventura de Calzados Yenni comenzó a finales de los ochenta. Corría el año 89, cuando en lo que es el local que hoy en día ocupa la churrería, abrió un pequeño negocio dedicado íntegramente a la reparación de calzado.
Manuel, el hermano mayor, compaginaba el trabajo de maestro con el de zapatero, un oficio que le apasionaba y para el que tenía una facilidad “innata” como explica con admiración labrada durante muchos años José María.
José María se incorporó al negocio familiar al volver del servicio militar. Recuerda que “mi hermano reparaba el calzado ayudándose solamente de una taladradora tipo Bosch. Sin más. Era impresionante. Yo empecé a ayudarle y a aprender poco a poco. Era un trabajo completamente artesano y vocacional. En nuestra familia no había antecedentes de zapateros”
“En la primera tienda, añade, estuvimos unos cinco años y luego ya compramos el local donde estamos ahora. Aquí empezamos al poco tiempo a vender también calzado, primero zapatillas deportivas y luego ya de todo tipo, sin perder nunca la línea de reparación”.
Fueron años buenos para el negocio y el comercio local. Reconoce que “había mucho consumo” pero todo se empezó a torcer a partir de la crisis de 2008 y sobre todo con la Pandemia, que “para el pequeño comercio fue un golpe muy duro”.
En la tienda, se venden zapatillas deportivas, zapatos, zapatillas para andar por casa y también bolsos y cinturones que han vuelto a entrar en el escaparte para reforzar unas ventas que no terminan de despegar y que están muy ligadas a la temporada meteorológica de cada año, pero si algo sigue siendo el orgullo del negocio es la reparación. El oficio de zapatero puro y duro. Un arte con cientos de años de historia y que José María representa y defiende con el ánimo del que se sabe tenedor de una trayectoria profesional labrada a pulso.
Explica que “arreglar un zapato es un proceso muy complejo. Lleva varias fases. El lijado, el cepillo, la cera…. Muy pocos reparadores los saben hacer. Es un oficio que se ha perdido. La materia prima vale mucho. El zapato primero se lija con una fresa grande con la que debes tener mucho cuidado. Lijas el tacón y la tapa. Hay que igualar la suela entera como si fuera original. Hay que ponerle una pieza para preparar el zapato. Luego se lija otra vez para que todo quede uniforme, se pone pegamento, se recorta con una cuchilla; lijarle con otra fresa no tan ancha para darle el acabado y parezca que la suela sea del mismo zapato. El siguiente paso es calentar cera con una máquina y darla en todo el reborde. Cuando se enfría, todo parece integrado. Lo último es el brillo para que quede como si saliera del escaparate. Son cuatro o cinco procesos diferentes que hay que conocer y dominar porque no son sencillos. También hacemos cosidos, ponemos piezas a zapatos rotos, que cosemos por debajo de la suela, que desmontamos…” “Hemos arreglado miles de zapatos y no hemos estropeado uno. Llamémosle suerte” concluye con una sonrisa.
Admite que las crisis no han incentivado los arreglos sobre las ventas, aunque por la puerta de la tienda siguen entrando gente de todas las edades, incluso jóvenes que buscan un arreglo para sus zapatillas deportivas, pero también muchas personas que “por su trabajo, se pasan muchas horas de pie, y necesitan un zapato de calidad, que cuide su salud. Si tienes el pie cuidado, las rodillas o la cadera no sufren. Yo asesoro mucho en ese sentido. Un zapato de calidad es salud. Anteponemos la comodidad a lo bonito. Hemos servido muchos zapatos que vienen muy bien a las personas con problemas en los pies. Eso es una gran satisfacción que me queda, porque la calidad en el pie es cuidar la salud”.
El futuro no pinta excesivamente bien para un negocio tradicional, de toda la vida. José explica que la situación nos ha puesto “entre la espada y la pared , pero me quedo conque hemos tenido una vida llena de satisfacciones y muy ligada a una clientela de “toda la vida con la que ha se han creado unos lazos muy fuertes, de amistad. El día que cierre, me va a costar llorar”.