Coconú, ropa infantil para todas las edades
Un contratiempo como fue el fin de una etapa laboral y una gran alegría como siempre es el nacimiento de una hija, están en la base de la puesta en marcha de Coconú. Fueron dos momentos de impacto que provocaron que Gladys Menéndez se tomase un respiro, mirase a su alrededor y decidiese dar el paso de crear un proyecto propio. Fue un cambio de vida, el punto de partida de una aventura empresarial que ya ha cumplido más de una década y que se ha convertido en una referencia en El Escorial por ser una apuesta completamente singular y diferente y que tiene en la moda infantil el eje central del negocio.
El Día D, el día en el que todo comenzó fue el 11 del 11 del 2011. Una fecha redonda, que cuenta Gladys “mi tía me aseguró que era el día del dinero”. Fuese o no el día del dinero, un apunte siempre importante cuando decides montar tu empresa, cerrar una etapa y abrir otra siendo tu propio jefe, lo cierto es que Coconú se ha consolidado dentro del tejido empresarial del pueblo.
Gladys resume la trayectoria de su tienda explicando que “llevamos doce años ya con las puertas abiertas, pero han sido doce años muy currados, con mucha historia detrás”
En esa historia que Gladys atesora y que contribuyó mucho a crear su espacio están los “quince años que estuve trabajando en una cadena de ropa infantil. Me lleve una experiencia grande por lo que unido ese bagaje que atesoraba y el nacimiento de mi hija me animó a montar mi propio comercio. Era algo que ya hacía porque había sido la responsable de montar tiendas por toda España de la cadena de ropa en la que trabajaba”
“El mismo día de acabarse el paro, abrí la tienda. El nombre de Coconú viene de una canción de Enrique y Ana. Era una canción que me gustaba mucho, los escuchaba cuando era pequeña”, añade recordando los primeros pasos de una tienda por la que ya han pasado toda una generación de niños pequeños y madres y abuelas porque hombres, cuenta Gladys, “vienen poco a comprar y cuando lo hacen, no miran nada. Vienen con el encargo de la mujer o de la madre y compran lo que les han dicho”
Madres y abuelas están en la base de la pirámide de clientas de Coconú. “Vienen muchas abuelas por la comodidad de no moverse de El Escorial. Además, tiendas de ropa infantil no hay nada en toda la zona”
El éxito de la permanencia en el tiempo está para Gladys en que “damos mucha comodidad para hacer regalos, poder cambiar… tenemos un catálogo muy amplio de ropa clásica, ropa de bebe de toda la vida que elijó a través de proveedores de ropa de un arco muy amplio que va desde los 3 a los 14 años”. “Seleccionó lo que me gusta, pero también me fio mucho del instinto, me muevo mucho y también del punto de vista de mi hija Paula, que está en el día a día del momento, aunque cada vez se me hace más mayor”.
Gladys es un auténtico manual cuando se habla de ropa infantil. Es una experiencia que se va a acumulando y creciendo con el paso de los tiempos porque el mundo de la ropa infantil es muy dinámico y está en continua evolución. Todo cambia mucho y es una tendencia que, según Gladys Menéndez, se “ha acentuado desde la Pandemia porque el concepto de ‘salir’ se ha transformado en ir al campo o salir muy de sport. Se ha perdido un poco la idea de salir vestido con ropa más clásica”
La Pandemia, que ha supuesto un antes y un después para muchos comercios, no resultó una barrera insalvable para Coconú. “Afortunadamente, cuando nos dejaron abrir, empezó a entrar mucha gente que no había venido nunca y descubrieron que tengo ropa de todo tipo y de todos los precios. Todo lo malo que tuvimos de estar cerrado, de repente se transformó en que tenía mucha gente que se dio cuenta de que en esta tienda que está en su pueblo, teníamos de todo, desde chándales básicos para ir al colegio a ropa para ir al campo o algo más clásico para ir a una boda o comunión, por ejemplo”. “Lo que sí se ha perdido mucho es lo de vestir a los niños muy arreglados para un fin de semana” concluye.
El secreto del éxito “es trabajar mucho, pero también cuidar al público dándole un trato personalizado, vendiendo un producto de calidad y a buen precio. Somos una tienda muy pequeña, cuidamos muchísimo el escaparate por lo que siempre presentamos todas las prendas muy bien” y añade que “yo, además, “tengo la suerte de tener una familia que me apoya mucho. Si no, no estaría aquí”
Piedras en el camino las ha habido y las habrá, pero Gladys las sobrelleva con calma, con una sonrisa y la experiencia que dan muchos años detrás de un mostrador. No se asusta ante los retos. “Sacar adelante un comercio de este tipo, te obliga a pasar por momentos difíciles. Modas como el Black Friday nos han hecho mucho daño. La mejor época es la campaña de invierno. Hay meses donde afrontar periodos muy intensos como es la Navidad y luego las rebajas” reconoce.
El futuro pasa por mantener el pie en el acelerador, seguir apretando porque “el comercio a pie de calle tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Ser tu propia jefa está bien pero mentalmente es muy duro. Tienes muchos sinsabores, pero también momentos que te compensan. Muchas veces te entran dudas, pero al final, me veo muchos más años en Coconú. Tengo un público muy fiel. He remontado dos veces. Soy como un camaleón que se va adaptando a las circunstancias. Me encanta mi trabajo”. Gladys acaba de dibujar la hoja de ruta de su proyecto de vida, que no es otro que Coconú, aquel comercio abierto hace ya muchos años con nombre de canción de Enrique y Ana.