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El Pelotazo

Bar El Pelotazo, un clásico con más de tres décadas de vida

El Pelotazo es uno de los bares clásicos de El Escorial. Es el fruto de toda una vida dedicada al negocio de la hostelería. Miguel Ángel Guerrero y Leticia Esteban son las caras visibles de un establecimiento que abrió sus puertas en el año 1994, hace ya más de 30 años y que ha ido evolucionando según lo ha hecho el propio pueblo y la vida de sus fundadores.

Miguel Ángel cuenta que empezó a trabajar en la hostelería con “16 años. En el bar Alameda. Me acuerdo de que el primer contrato lo tuvieron que firmar mis padres porque yo era menor de edad. Después, he trabajado en otros clásicos del pueblo como La Ferroviaria o La Cantina de la Estación de Tren. Ahí, me decidí a abrir El Pelotazo”

Corría el año 94 y al principio, Miguel compaginó durante algunos meses el trabajo en La Cantina con el bar que acaba de abrir. Lo hizo un día además especial: el 7 de julio, San Fermín. Aquella apertura de julio del 94 daba a luz a un bar de copas que Miguel puso en marcha junto a su hermano Raúl. Fueron cuatro años de camino en común y una trayectoria como bar de copas en un pueblo que en aquellos años 90 bullía de una gran vida nocturna y que se prolongó hasta el año 2010, cuando decidió dar un giro casi total al negocio y transformar un bar de copas en una cervecería de toda la vida.

Fue un cambio radical que, sin embargo, estuvo perfectamente aceptado por la clientela. Llegó en el momento justo y en un entorno en el que la hostelería de El Escorial estaba “cambiando muchísimo” en palabras de Miguel, que recuerda que “en los noventa y principios de los 2000, había mucho más movimiento que ahora. Antes, se salía más. Eso ha cambiado de manera muy importante”

El cambio de bar de copas a cervecería tradicional fue sin traumas. De la noche a la mañana, nunca mejor dicho. En la carta, cuenta Miguel, seguimos “teniendo las hamburguesas y bocadillos que servíamos cuando era el bar de copas y a ello le hemos sumado raciones que hacen que tengamos una oferta mucho más rica en cuanto a amplitud. Lo que sí ha cambiado es que ahora intentamos cerrar pronto. Reducimos las horas de noche y las ampliamos por la mañana, dando desayunos con sus churros, porras, bollería…”

Ese cambio trajo también nuevos hábitos y costumbres. El Pelotazo es un referente a la hora del aperitivo, un tramo horario que Miguel apunta “cuidamos mucho. En el aperitivo apostamos mucho por las tapas variadas y abundantes y eso nos ha permitido tener a lo largo de los años una clientela muy fiel que viene a tomarse antes de comer un vino o una cerveza con su tapita correspondiente, que vamos cambiando todos los días. No nos gusta mucho tirar de fritos. Solemos montar canapés y eso a la gente le gusta mucho”. Al ritual del aperitivo, cuenta Miguel viene “sobre todo una clientela de a diario de 50 años para arriba. Otra cosa es el fin de semana, que es muy variado y donde a los clientes de toda la semana se les unen otros muchos que vienen de fuera, con gente más joven y familias”

En la carta de El Pelotazo aparecen las raciones, pero también algunos platos que son muy demandados y que forman parte del imaginario de la cocina y de las familias españolas pero que no suelen aparecer en muchas cartas como son los huevos con patatas. Todo un clásico que Miguel apunta “nos los pedían mucha gente y al final les terminé metiendo en la carta casi por aclamación popular”.

Junto a los huevos con patatas también se piden mucho las hamburguesas, otro clásico que la cocina de El Pelotazo conserva desde sus tiempos de bar de copas y que “forman parte de nuestra identidad de toda la vida. Siempre las hacemos con ingredientes de proveedores del pueblo, apostando por la calidad, con carne de la Sierra”.

Miguel añade “que los fines de semana trabajamos mucho las raciones, que se venden mucho, sobre todo al mediodía. Para comer, es lo que más se vende y más teniendo en cuenta que no tenemos un menú. En el pueblo hay muchos restaurantes a la carta o con menú cerrado por lo que, con las raciones, damos una opción un poco más económica a la clientela. Muchas veces, si vienes en familia, con niños, es más sencillo y económico comer unas raciones

Alitas, fingers de pollo, croquetas, huevos con patatas, hamburguesas, platos combinados…forman parte del día a día, del latir constante de El Pelotazo, un establecimiento que forma parte del camino vital de Miguel y Leticia y del que disfrutan del “trato con la gente y sobre todo, del ambiente del mediodía porque son todos clientes fijos, con los que nos conocemos de años. Yo soy el primero que me llevo bien con ellos, ceno con ellos, hablamos…”

Una vida dedicada a la hostelería en la que, con el paso de los años, “hemos aprendido a conciliar, repartir mejor los horarios y las jornadas para no quemarnos, intentando cuidar a la gente que trabaja con nosotros y que, en algunos casos, lo hace desde hace mucho tiempo. También, trabajar en pareja para mi es positivo. Puede haber una discusión, como cualquier día, pero la verdad es que nosotros lo llevamos muy bien. Y además todas las mañanas estamos siempre juntos. Mi mujer suele estar en la cocina por las noches y a diario por las mañanas es la que lleva a los desayunos”

Con el verano y la llegada del buen tiempo, el local vive una buena época. El Pelotazo cuenta con una buena terraza que es la puerta de entrada del local y un espacio que da mucha vida al negocio. “Es un punto importante. Hicimos muy bien en cerrarla. En invierno se nota mucho que la tenemos cerrada. Pones las estufas dentro y nos da mucho juego y en verano, lo que se pierde por el calor del mediodía, lo ganas por la noche. Con el fresquito, en la terraza se está de lujo”

Sobre el futuro a largo plazo, Miguel asegura que “mi intención es jubilarme aquí. Relevo no tengo porque a mis hijas no les gusta esto por lo que aquí terminaremos cuando podamos jubilarnos”.

Por el momento, a El Pelotazo aún le quedan unos cuantos años de vida. Las puertas que se abrieron hace ya más de tres décadas por primera vez son el umbral de entrada a un espacio de toda la vida, donde se come, se bebe y se disfruta en torno a una cerveza, un vino, una buena tapa e incluso unas raciones o unos buenos huevos con patatas. Como se ha hecho toda la vida. ¿ Se puede pedir más?