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Heladeria Los Valencianos

Los Valencianos, el helado artesano de toda la vida

Hace cuarenta años, un paseo de sábado cambió la historia del comercio de El Escorial.

Martina y Daniel, padres de Marisa Benito de la Iglesia, solían aprovechar los domingos para subir a San Lorenzo de El Escorial y disfrutar de un helado en Los Valencianos mientras andaban a la sombra del Real Monasterio de San Lorenzo.

Los Valencianos tenían un puesto instalado en La Lonja y su fábrica, en la Plaza de la Cruz. Elaboraban y elaboran sus helados artesanos en su factoría sanlorentina, desde el que hacían realidad el arte milenario de hacer helados de su Jijona natal.

Aquellos paseos fueron la matriz de un negocio que ya lleva con sus puertas abiertas cuatro décadas y que forma parte imprescindible de El Escorial en cuanto el buen tiempo se empieza a atisbar en el ambiente.

Marisa Benito de la Iglesia, hija de Martina y Daniel, recuerda que “mi madre, que era muy emprendedora y currante, tenía este local y se le metió en la cabeza el poner una heladería. Habló con Lázaro y Fernando, que eran los dueños de Los Valencianos, y abrió las puertas de este negocio en el año 84”

Era el mes de junio, el mes en el que el tiempo gira en El Escorial y empieza el verano, casi siempre tras las fiestas de San Bernabé, que son puerta de entrada del calor estival y punto de despedida definitivo del siempre duro invierno serrano.

Impulsados por el buen tiempo, Los Valencianos abrió, recuerda Marisa con una vitrina muy pequeña “porque había en aquellos años muy pocos sabores: turrón, leche merengada, nata, fresa, limón y chocolate”. Pocos sabores, pero suficientes para ir construyendo la historia de un local que forma parte del ADN del pueblo.

Marisa empezó a trabajar con su madre con solo 13 años. “Empecé un poco obligada, lo reconozco. Los fines de semana y verano, tenía que echar una mano.  Me quedé sola con el negocio cuando mi madre se jubiló, hace unos 25 años” cuenta.

Desde entonces, es el alma mater de un proyecto que ha conseguido romper incluso con la leyenda de que los helados son solamente para el verano.

Los Valencianos abre siempre en Semana Santa y cerraba sus puertas tradicionalmente después de la Romería de San Lorenzo, aunque esa fecha límite se ha ido retrasando en la medida de que el buen tiempo ha ido ganando semanas al calendario.

La experiencia detrás del mostrador, le da a Marisa la certeza de que “aunque somos un pueblo frío, la gente viene buscando nuestro helado

y asegura que la clave de esa fidelidad puede estar en que “nuestro producto es 100% artesano, elaborado en San Lorenzo y para muy pocas heladerías”

Sobre el negocio, admite que es “muy sacrificado porque abres pronto y cierras muy tarde. No hay hora de cierre, pero el trato con la gente compensa. Al final, tienes clientes que son amigos. Hay quien lleva viniendo toda la vida, incluso, personas que conocieron a mi madre cuando eran niños y venían a pasar el verano al pueblo y siguen viniendo a comerse un helado y me preguntan por ella”.

Cuarenta años dan para mucho y eso se nota hasta en el mostrador, donde se ha pasado de los siete sabores que dominaban el mercado en los inicios del negocio, a un panel con 38. Han cambiado los gustos y con ello, los sabores, pero Marisa, siempre con los pies en el suelo, señala que “a pesar de la variedad, hay gente que año tras año quiere su helado de siempre, el que lleva tomando toda la vida”.Hay helados que no pasan nunca de moda, como el de chocolate, mantecado, turrón o limón. Son los helados de siempre aunque ahora la gente quiere más sabores y hay clientes que nos preguntan cada verano por un sabor nuevo aunque la tónica general es que las personas somos de costumbres y siempre pedimos el mismo helado y el que es de tarrina en tarrina y al que le gusta el cucurucho, pues el cucurucho. En eso, están al 50%. Hay familias que vienen desde que yo era una niña y siguen pidiendo lo mismo que les gustaba en aquellos años”, concluye

Más allá de los diferentes sabores, Marisa explica las claves del helado perfecto “tiene que ser cremoso, no tienes que encontrarte hielo, que te lo metas en la boca y sea crema total. Un helado duro pierde sabor” y, palabra de experta, admite que “aunque no soy mucho de dulce, mi helado preferido es el de nata. Todos los días me tomo uno”

Segunda generación familiar al frente del negocio, Marisa rompe una lanza a favor de sus hijas, que “siempre me han ayudado los fines de semana y aún hoy día, que tienen sus familias y sus trabajos, si hay que echar una mano, la echan. He intentado que ellas no estuvieran, se formaran e hicieran otras cosas pero este negocio es para ellas. Se han criado entre helados

Mujer optimista, lleva su heladería pegada a su piel. Disfruta con su trabajo y cuando mira hacia atrás siempre ve cosas positivas y ninguna traba. Sin duda alguna, es el espíritu de la heladería, un negocio optimista que brilla cuando los días se alargan y los vecinos y visitantes de El Escorial salen a la calle a disfrutar de un helado de Los Valencianos, el helado artesano de toda la vida.