Juan Carlos Fuenteseca Pérez comenzó su andadura como kiosquero en un año muy especial: 1992, efeméride en el que se celebraron los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Expo de Sevilla, acontecimientos que impulsaban las ventas como siempre ha sucedido en un negocio muy sujeto a los grandes eventos y las noticias que los clásicos llamaban de ‘impacto’. Ese año, Carlos asumió el traspaso de un antiguo kiosco que existía cerca del actual paso del túnel de la estación y comenzaba, por tanto, una andadura profesional que ya se extiende durante más de tres décadas.
El mundo de los kioscos y de la prensa de papel ha sido uno de los sectores que más ha evolucionado. La revolución que provocó internet y la puesta en marcha de un modelo de venta basada en la suscripción digital o el no pagar de forma directa por la prensa que leemos a través de móviles, tablets u ordenadores, ha puesto en jaque toda una forma de vida. Antaño, los periódicos de papel, las revistas y las colecciones de fascículos mandaban en la hoja de cuentas de final de mes.
Aun así, Carlos asegura resistir y mirar al futuro con cierto optimismo. Echando la vista atrás, recuerda momentos de ventas muy importantes como cuando España ganó el Mundial de 2010, “donde tuve hasta colas para reservarme las camisetas que se daban de la Selección” o grandes acontecimientos que han marcado la historia del mundo como el “11-S de Estados Unidos, que causó una gran conmoción. En esos casos, se vende muchísimo”
Ahora internet ha reducido las ventas de prensa hasta casi un 50% pero Carlos reconoce que sigue habiendo momentos puntuales donde se vende ‘bastante’ y pone, por ejemplo, “las exclusivas de las revistas del corazón, que también ayudan mucho a subir las ventas”
El día a día de Carlos comienza cerca de las 5 de la mañana. Es el momento de abrir el kiosco, de esperar que lleguen las camionetas que distribuyen la prensa aguantando el frío que baja del Monte Abantos y aguardar a los primeros compradores del día, que suelen ser personas que van al tren para ir a trabajar a Madrid o los dueños de los bares que compran la prensa para dar servicio en sus establecimientos. El resto del tiempo, hasta que el día despunta, avanza a un ritmo lento, casi de ‘cuentagotas’ hasta que la jornada comienza a coger velocidad.
El perfil del cliente ha ido cambiando con el tiempo. Ahora mismo, parte de la clientela la componen personas mayores, que siguen fieles al papel y se resisten a entrar de lleno en la era del internet.
Carlos conoce los gustos de lectura de las personas que se acercan hasta su kiosco a comprar la prensa. Entre risas, asegura, que “a veces fallo” pero no es lo corriente. Sabe qué periódico, revista o coleccionable consume cada uno de ellos. Es la ventaja de llevar media vida siendo el profesional que hace de hilo conductor entre nosotros y las noticias que mueven el mundo.
Sobre el futuro, Carlos es optimista…a medias: “Yo creo que el kiosco no va a desaparecer. Tienen que seguir existiendo lugares físicos donde ir a recoger una revista o un periódico y hay muchas personas que compran cuatro o cinco productos y no vas a estar suscrito a todos ellos”.
Cerca ya de la jubilación, no ve próximo el cierre del negocio. Espera seguir al pie del cañón, abriendo su ventana al mundo al amanecer unos años más.