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Restaurante Parada y Fonda y Cafeterías Delys

César Pirvu, el hacedor de negocios hosteleros

César Pirvu lleva mucho camino recorrido. Su historia comienza en Craiova, la ciudad rumana donde nació y continúa en El Escorial, donde llegó en el año 2001 y donde poco a poco ha ido construyendo un negocio muy sólido con la hostelería como principal argumento y que tiene muchas ramificaciones: el restaurante Parada y Fonda y las cafeterías además de la tienda gourmet bajo el sello de la marca Delys.

Su historia no ha sido, ni mucho menos, una línea recta. Ha tenido que subir muchos repechos y vivir momentos complicados hasta llegar al momento actual.

César cuenta que llegó a El Escorial tras recibir la llamada de un amigo de Craiova que ya vivía en el pueblo. “Me convenció diciéndome que había mucho trabajo y que era otra vida. Los inicios no fueron fáciles. Como para todos, fue un trabajo duro. Empecé con unos hermanos portugueses, trabajando en construcción, bajando los escombros en unos edificios que estaban reformando en Madrid.  Al poco tiempo, encontré trabajo en un restaurante que se llamaba Carlos III. En aquellos años, la gente no se abría tanto como se abre ahora. Nunca tuve problemas, pero sí que me costó un poco encontrar el trabajo que quería”

Esos fueron los inicios a su llegada a España, pero antes, César tuvo otra vida en Craiova. Recuerda que “estuve trabajando 17 años en hostelería. También tenía dos discotecas y un obrador y, además,  vendía en un mercadillo patatas. Ahí es donde aprendes a tratar con la gente. Incluso trabajé en la compañía de trenes, la RENFE de Rumanía porque vengo de una familia de ferroviarios e hice escuela de cocina durante dos años”

Quizá sea por ese pasado ‘ferroviario’ que su primer proyecto empresarial en El Escorial fuera el restaurante Parada y Fonda, ubicado en la estación de Cercanías del municipio, pero lo que está claro es que la vida de César ha estado marcada por el emprendimiento con todas las letras, asumir riesgos y poco a poco ir construyendo un grupo hostelero potente que aún no está cerrado porque César siempre está dando vueltas a nuevos proyectos.

De los inicios del restaurante Parada y Fonda explica que “comenzamos con el antiguo Indicador, poco a poco fuimos subiendo la categoría de la cocina y decoramos el local”.

César explica que la filosofía del Parada y Fonda está basada “en una cocina tradicional española. Hemos apostado por los menús y de esa manera ganar muchos pocos y no un mucho. Nuestra infraestructura es así. Tienes que dar un servicio rápido y de calidad. Tenemos mucho personal”

Tiene claro y quizá sea la clave del éxito de su modelo de restaurante que “esto de comer deprisa y corriendo ya ha pasado a otra época. Ahora el obrero mira mucho lo que come. Hemos apostado los fines de semana con unos menús especiales que han tenido mucho éxito y entre semana, nuestra clientela está en el público trabajador, los vecinos de la zona… los fines de semana, viene mucha gente de fuera, aunque la gente de paso es más al café o para comer un bocadillo. El público que tenemos es el público del pueblo o de los pueblos de alrededor”

 

La jornada de César comienza muchos días de madrugada. Apenas pasan unos minutos de las tres de la mañana cuando todas las semanas baja a Mercamadrid a hacer la compra y organizar los menús, una labor en la que trabaja mano a mano con su cocinero.

Ver el producto en primera persona es una de las claves. Es una labor muy dura, que requiere constancia y ojo a la hora de elegir la materia prima. Las madrugadas en la carretera y en el gran mercado de Madrid son el primer escalón del negocio, la puerta de entrada de todo el proyecto que César Pirvu ha ido construyendo con paciencia a lo largo de casi 25 años.

Emprendedor acostumbrado a crear negocios avisa de que lo “difícil es calibrar cuando empiezas un negocio y no sabes lo que va a venir. Ahora mismo lo tenemos muy dominado. Tenemos casi todos los días el mismo público y después está la parte de la barra, donde preparas los aperitivos o los bocadillos sobre la marcha, según las necesidades que van surgiendo”.

Además, del Parada y Fonda, César creó varios Delys, de los que dice que “cada uno tiene una personalidad propia. El establecimiento de la estación nació como una cafetería para llevarte un café y un bollo rápido, pero el local quedó muy bonito e hicimos un obrador. El establecimiento quedó muy elegante. Empezamos a fabricar pasteles y bollos. Tenemos un obrador pequeño, pero bien organizado, es muy eficiente”.

También cuenta con un Delys en la Avenida de Castilla y el Delys Gourmet, donde dio un giro a su forma de entender los negocios de hostelería porque, explica contundente, “no podíamos hacer lo mismo. Traje un obrador y fue fácil de acomodarlo. A parte de vender pasteles, puse también una parte gourmet. No había nada en el pueblo”.

Su trayectoria le ha dado la suficiente perspectiva de lo que es el mundo del emprendimiento y la puesta en marcha de negocios de hostelería. Asegura que “yo no invento nada. Simplemente hay que fijarse en lo que ya existe y marcar una línea a la que aferrarse para no despistar al cliente” y añade que “un emprendedor debe tener una visión del comercio y muchas ganas de trabajar. Tienes que trabajar todos los días, estar con tus compañeros de trabajo siempre. Que vean que eres el primero que estás al pie del cañón”

“Yo me considero un comerciante en un pueblo más que un empresario. Un comerciante siempre conoce las necesidades de sus vecinos, de la gente que viene a comprar, que entra a tu comercio” concluye antes de reconocer que su historia como empresario de El Escorial quizá, solamente quizás, aún no haya acabado: “Me gustaría tener un pub”. Si lo consigue, cerrará el círculo que inició en Rumanía cuando siendo casi un chaval, tuvo su discoteca propia.