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Pizzería di Napoli

Napoli, la vida en una pizza

En algunas ocasiones, los caminos trazados hasta conseguir un objetivo no son sencillos. Todo lo contrario. Parecen empinarse hasta convertir la ruta en una carrera de obstáculos, obligando a sus caminantes a dar siempre lo mejor de sí para salir adelante.

Puede ser el caso de Marcel y Lucrecia Flori Gemeanu. Su historia es una historia de lucha y no rendirse nunca hasta lograr formar parte del tejido comercial de El Escorial, el pueblo en el que se establecieron en el año 2003, con su negocio, Pizzería Di Napoli.

“Por necesidad”. Así de contundente se muestra Marcelo (así conocen a Marcel todos en el municipio) cuando responde por las razones que le hicieron llegar a El Escorial hace ya 22 años dejando a su mujer Flori y a dos niños muy pequeños en su Rumanía natal.

 

Llegó en abril y Flori lo hizo cuatro meses después, en agosto. Traía en el bolsillo 50 euros y “una gorra azul en la cabeza”. Todo lo demás, lo había dejado en Rumanía. No miró atrás, solo para adelante, con el único objetivo de sacar adelante a su familia y tener una vida mejor.

En El Escorial vivían ya varios amigos y conocidos de Craiova, su ciudad, algunos de ellos, eran amigos desde los tiempos del colegio. Hubo un efecto llamada.

Marcelo recuerda aquellos días con tristeza. “Vivimos Flori y yo un duelo migratorio. Dejas atrás a la familia, a muchos amigos, a tus hijos, que los dejamos con mis padres. Tu vida da un giro de 360 grados”. No vimos a los niños en prácticamente tres años. Es muy fuerte. Pasas un proceso muy duro. Primero te tienes que adaptar, no sabíamos nada de castellano. Dejas atrás tu cultura y todo lo que conoces” añade.

 

Con esos mimbres de partida, con la sensación de tener que escalar un ‘tourmalet’ de cada día, los comienzos fueron muy complicados.

Marcelo comenzó su nueva vida en El Escorial en la hostelería; después montó una frutería en San Lorenzo de El Escorial y en el año 2006, cogió el traspaso de la Pizzería Napoli, donde había comenzado a trabajar como empleado un poco antes. Después vino la empresa de mudanzas Mambo, con la que compagina ahora su tiempo con la gestión de la pizzería.

Cuando empecé, me metí con muchas deudas. Hay que arriesgarse. Cuando vienen tiempos malos, hay que aguantar”, es la filosofía de vida de Marcelo. Flori se sumó al negocio en el año 2012 y en los últimos tiempos también lo hizo Mario, su hijo que es ahora mismo la cara más visible de un negocio que se ha hecho un hueco en El Escorial a base de constancia, muchas horas de trabajo y la calidad de sus pizzas.

Marcelo, que aprendió el oficio de pizzero mano a mano con el primer propietario italiano del establecimiento hace ya dos décadas largas, recuerda que “empezamos haciendo pizzas rectangulares. Las hacíamos de cuatro sabores. Poco a poco, fuimos mejorando, adaptándonos a la realidad del pueblo

En ese trayecto, sus pizzas se han ido consolidando como una referencia, completando un catálogo amplísimo que se agranda cada dos años. Ahora mismo, cuentan con una carta en la que se puede elegir entre treinta pizzas distintas. Todas ellas, explica Flori, “hechas por nosotros. Dedicamos mucho tiempo a mezclar sabores, a investigar y probar, buscando siempre lo que le gusta a la gente, adaptándonos a los gustos de los clientes”.

“La masa de la pizza es siempre casera, continúa Flori. Es un producto completamente nuestro. La hacemos nosotros

Los tiempos han cambiado. Ya quedan atrás los duros inicios. Di Napoli es ahora un negocio familiar consolidado, que ha crecido contra pronóstico después de la Pandemia del año 2020 porque “el cliente se acostumbró a pedir comida a domicilio en esos meses y esa tendencia se ha mantenido. El reparto funciona muy bien” y también impulsados por las nuevas tecnologías, apoyándose en plataformas online que te dan un flujo de pedidos importante, pero sobre todo en el boca a boca del pueblo.

Marcelo adelanta que “el presente y el futuro de Di Napoli pasa por mantener el alto nivel de calidad de las pizzas, reforzar el equipo de repartidores y dar el mejor servicio posible. Hemos llegado a hacer más de 100 pizzas durante algunos fines de semana y eso es también una responsabilidad que nos obliga a no bajar nunca la guardia”

Dos décadas después de comenzar el camino, la Pizzería Napoli es hoy en día una referencia en la que trabaja incluso Mario, apenas un bebe en Craiova cuando sus padres decidieron dar el paso y emprender una nueva vida lejos de su tierra natal. A veces, las historias tienen un final feliz.