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Pub Don Gregorio

Un 20 de diciembre del año 1982 comenzaba una nueva aventura empresarial. Ese día, víspera de Navidad, abría sus puertas el Pub Don Gregorio, un negocio ciento por ciento familiar, que nació como una idea de Gregorio Segovia y María Rosa Díez.

El Pub dio sus primeros pasos como un proyecto de vida para sus hijos: Gregorio, Antonio y José, los tres hermanos Segovia Díez que fueron durante muchos años, el músculo de un establecimiento que, aunque con principios complicados, rápidamente comenzó a hacerse un hueco en el panorama hostelero de la localidad. 

Gregorio y Antonio, apenas superaban los veinte años mientras que José se puso por primera vez detrás de la barra con 14. Eran otros tiempos. José recuerda que “cuando abrimos el Pub, aún estaba en el colegio. Venía los fines de semana para ayudar en lo que me iban diciendo” y añade que “siempre estaré agradecido a mis hermanos. Ellos fueron los que, con su experiencia, me fueron enseñando, a tener responsabilidad, a ser estricto con las normas del trabajo”

Aquellos primeros años fueron tiempos muy buenos. Para recordar. Eran los años 80 y 90 y El Escorial vivía una gran etapa, con mucha actividad y una vida nocturna muy potente. 

Antonio y José, que gestionan el Pub junto a Cristina Guerra y Esther Moreno, tras la marcha del negocio de Gregorio cuando el Pub cumplía ya dos décadas de vida, recuerdan que “estábamos un poco verdes. Íbamos aprendiendo según iban pasando las cosas”. 

Copas, el famoso café irlandés, cocktails y una plancha puesta en la sala principal para hacer perritos formaban el ADN de los primeros años de vida del Pub. 

Pronto empezaron a llegar los hitos, los momentos clave que comenzaron a impulsar y a moldear el negocio hasta convertirlo en el establecimiento hostelero de gran éxito en el que es hoy en día y que tuvo como colofón el Reconocimiento al Mérito Empresarial que recibieron por parte del Ayuntamiento de El Escorial en el año 2022. Una placa que hoy luce orgullosa en la puerta de su local y que es el símbolo del trabajo bien hecho, con honestidad y sin atajos. 

De aquellos años de ‘movida escurialense, recuerdan “la música que pinchábamos en discos de vinilo, los casetes y, sobre todo, cuando pusimos la pantalla gigante y empezamos a poner películas de cine que poníamos con un vídeo VHS y que traíamos de un videoclub. Lo anunciábamos y el Pub se llenaba. Empezamos con una película de miedo que se llamaba ‘El Perro’”.Hacíamos dos sesiones. Fue un rotundo éxito”, matizan. 

Poco a poco, el Pub Don Gregorio fue moldeando su negocio hasta alcanzar su personalidad actual. La pantalla gigante permitió vivir noches históricas en el establecimiento como la famosa del España-Malta; la gran final de los JJOO de Los Ángeles entre España y la Estados Unidos de Michael Jordan y Pat Ewing en 1984 o la final del Mundial de 2010, donde un abarrotado Pub Don Gregorio contempló el gol de Iniesta que daba el primer título Mundial a España. Fueron noches para el recuerdo. 

Ha habido muchas más noches, miles. El ‘DonGre’ como es conocido popularmente, nunca ha perdido su espíritu nocturno, pero ha ido cambiando una personalidad que le ha convertido en un espacio donde degustar una completa y variada carta de comida en la que tiene hueco y nombre propio las hamburguesas, que son una de las señas de identidad del establecimiento por su calidad y variedad y que, explican, “funcionan muy bien”. Es el reino de Esther y Cristina, alma mater del establecimiento y las manos de las que salen decenas de platos cada noche.  Desde la construcción de la cocina en la planta inferior del local, la carta de comida ha ido ganando solidez hasta ser una referencia en la zona. 

Han pasado más de cuatro décadas y el Pub Don Gregorio se encamina ya hacia su medio siglo de vida. José y Antonio, Antonio y José que tanto monta, monta tanto, echan la vista atrás sin nostalgia pero con la certeza de que “poco a poco, hemos ido siendo más nosotros en este negocio, aprendiendo muchas veces por la exigencia de la gente, siendo estrictos con el trabajo, profesionales, sabiendo hacía dónde queríamos ir y adaptando el negocio a los tiempos que hemos ido viviendo; haciendo reformas pero manteniendo la esencia del Pub”

El Escorial ha ido cambiando al mismo tiempo que lo hacía el Pub. De las noches de los ochenta y de un estilo de vida en el que, recuerdan, “se alternaba mucho más que ahora. La gente salía del trabajo y se venía a tomar una cerveza” a un día a día más tranquilo en el que el ‘tardeo’, ha ido ganando espacio.

Los usos y costumbres han ido cambiando, pero el Don Gregorio, permanece. Cierto es que ha habido malos tiempos, épocas como la crisis del año 2004 o la Pandemia, pero la solidez de un proyecto que comenzó una noche de diciembre del año 84 ha sido la clave para que el Pub haya doblado la resistencia de un nuevo siglo y busque la tercera década del XXI. 

Por el camino, muchos recuerdos, como aquellas fiestas de Fin de Año en los albores de un nuevo ciclo que se llevaban mejor con el chocolate, las sopas de ajo o los judiones que salían al amanecer de la cocina del Don Gregorio o las muchas veladas y momentos en los que no han podido disfrutar de sus hijos y para los que tienen un reconocimiento por todos los momentos perdidos con ellos por atender el negocio familiar,  pero si les preguntas a Antonio y a José, por el camino recorrido hasta llegar aquí, no dudan en responder que se quedan, sobre todo y ante todo, “con el cariño de la gente. Nos han hecho sentir a lo largo de todos estos años, muy valorados. Llevamos más de cuarenta años aquí y ahora vienen a tomar una hamburguesa o una cerveza los hijos e incluso los nietos de clientes que venían en los primeros tiempos. Eso quiere decir algo”.

Sobre el futuro no hacen demasiados planes. Quieren ir año a año, disfrutando del camino recorrido y del trayecto que queda por hacer. El negocio está funcionando, es sólido y mira hacia adelante con la satisfacción de las cosas bien hechas. 

¿El secreto? “La mentalidad. Tener una mentalidad fuerte para venir día tras día y aprender a dominar el negocio. Nunca hemos dejado de aprender”. Palabra de José y Antonio Segovia.