Shambala
Shambala, el mítico reino de Andrea Paniceres
Shambala, la ciudad perdida, el reino oculto más allá de la cordillera del Himalaya, “la ciudad ideal en la que todos nos gustaría habitar” puntualiza Andrea Paniceres, creadora de la tienda que lleva el nombre del mítico enclave en el El Escorial hace ya 22 años. Ese es el nombre que eligió para abrir su tienda en la localidad. Toda una declaración de intenciones.
Andrea, de la Patagonia (Argentina), llegó a El Escorial en 1999 y abrió Shambala dos años después. Corría el 2001, principio del siglo XXI y había dado un giro a su vida.
“En Argentina trabajaba de esto. Era artesana en plata y ya estaba en el mundo comercial. No tenía tienda. Hacía mercados por toda Argentina, sobre todo Buenos Aires” cuenta Andrea sobre su experiencia vital.
Ese fue el punto de partida sobre el que se apoyó el nacimiento de su proyecto. Una idea que nació con un principio modesto, pero de largo alcance: “Mi proyecto básicamente era sobrevivir con algo mío. Viajaba a Tailandia, Nepal, Balí, India…y traía productos de allí. No conocía nada de esas zonas, pero quería traer un producto novedoso. En España se hacia todavía ropa de algodón. Empecé a trabajar ropa de fabricación propia, pero las fábricas empezaron a cerrar y había que buscarse la vida con otros productos”
Shambala ha sido siempre un proyecto en evolución constante. Andrea cuenta que comenzó trabajando artesanía de artesanos españoles y producto africano, pero poco a poco fue cambiando y la tienda creciendo al mismo tiempo que ha ido cambiando el pueblo. En su momento, afirma Andrea, “fue un negocio completamente novedoso y eso quizá, fue lo que propició que tuviéramos un gran recibimiento desde el inicio”
Andrea define su tienda como “un espacio con producto cercano al público, y con una atención cercana también, que eso es algo que ya no se ve. Con un trato agradable, en donde se puede encontrar prácticamente de todo, para cualquier tipo de edad”
Ya son más de dos décadas a pie de calle, un tiempo prolongado en el que Andrea ha ido afinando su forma de entender la organización de su comercio, identificando los mejores momentos y ajustando su catálogo de productos a la venta.
En el debe del día a día están los “inviernos tan largos que hay en El Escorial. Cuesta mucho que llegue el verano, pero la mejor época para la venta es siempre en Navidad” y es en verano cuando coge fuerza y protagonismo su marca de ropa propia, que comercializa bajo el sello de Shambala. Son diseños propios, con telas elegidas personalmente. Un proyecto completamente personal que refuerza el concepto global de la tienda.
Entrar en Shambala es un incentivo para los sentidos. Ropa, complementos, regalos siempre con un toque diferente, artesanía…la clave está en el producto diferente, una seña de identidad de la tienda desde su puesta en marcha.
“La clave, apunta Andrea, es conocer el mercado mucho e intentar traer siempre cosas diferentes. Intento variar siempre en diseño. Pero lo básico es la experiencia de que sí y que no se vende y conocer el público, por supuesto”
El futuro pasa por seguir adelante, trabajando en la línea que ha permitido a la tienda cabalgar con fuerza a lo largo y ancho de más de dos décadas. Un tiempo que ha permitido tener una ‘genealogía de clientes’ en la que transitan los compradores de primera generación y los que ya son sus hijos e incluso nietos.
No obstante, los retos para seguir con las puertas abiertas son constantes. Andrea idéntifica entre las amenazas que tiene que afrontar el comercio local, entre otras, en la venta online, “un espacio en el que no podemos competir desde lo local porque no tenemos la cantidad de producto para solventar ambas líneas de ventas. Y está claro que la venta online se ha disparado y hoy por hoy, la utilizan todas las edades”
Aún así, piensa que “ hay mucha gente que todavía quiere el trato personalizado, que le gusta venir, probarse, tocar la ropa y que no todo sea tan impersonal como la venta online”
Por el momento, Shambala camina viento en popa, con fuerza y con su misión plenamente vigente y Andrea, aunque niegue haber “contribuido a cambiar la forma de vestir en El Escorial” sonríe y no niega que sí ha colaborado a ‘dar color’ con sus propuestas de ropa diferente.