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Tu Mascota, pasión por los animales

María Lobo es empresaria por convencimiento propio y tradición familiar. Todo su núcleo familiar se dedica a los negocios de una manera u otra. Ella, fiel a esa costumbre, decidió emprender y lo hizo dentro del sector de las mascotas.

Van a hacer 28 años desde que un día de 1996 inaugurase Tu Mascota, un proyecto que siempre ha estado en el mismo local y que ha ido evolucionando al mismo tiempo que lo ha hecho un sector muy dinámico como es el de los animales de compañía.

El origen de la idea surgió en los supermercados familiares, donde comenzaron a principios de los noventa a introducir un nuevo producto como era el pienso para mascotas. El movimiento que se generaba en torno a ese producto, animó a María a abrir una nueva línea de negocio: “Vimos que se vendía bien y teníamos este local. Decidí dejar de estudiar, me hice un curso en peluquería canina y entonces empecé aquí, somos una familia de emprendedores. Todos los locales que tenemos son negocio familiar Lobo Rivero”

Aquello fue el inicio de un negocio que ha pasado por diferentes etapas. María recuerda que “ahora no tengo veterinario, pero abrimos con esa posibilidad y hemos estado 18 años ofreciendo ese servicio”. La salud y que esa línea estaba siendo menos boyante en ese momento, recomendaron a María a hacer un cambio en el proyecto y centrarse en la alimentación para mascotas y la peluquería canina, dos áreas vitales en la actualidad.

En ese sentido, la peluquería canina es un oficio que se aprende estudiando, practicando y con muchos años de trabajo, día a día. María explica que “la tenemos desde el principio, incluso antes de abrir este local, hacia peluquería a domicilio, vi que tenía trabajo y es lo que me hizo impulsarme a abrir esto, pero la peluquería domiciliaria no es vida, porque las condiciones no son las adecuadas. Necesitas tener un espacio muy bien acondicionado para cuidar tu salud cuando haces este trabajo y esa circunstancia en los domicilios no siempre se da

Amante de su profesión, habla con pasión de los animales y de su trabajo con ellos. Con la peluquería mantiene un contacto muy cercano con los perros. Afirma, que “hace años había gente que se pensaba que la peluquería canina es poco menos que esquilar a un perro. Nada más lejos de la realidad

Todo tiene su técnica y su tiempo. Cuando trabajas con un animal no vale ir deprisa ni acortar plazos. Hay que tomarse su tiempo. Reconoce que “la técnica más difícil es la de arrancar el pelo con un sistema que se llama stripping y que se hace con una navajilla o incluso con los dedos. Al perro no le duele, aunque no se puede hacer en todas las razas, solamente se practica en las razas de pelo duro como por ejemplo el teckel, schnauzer, west highland, etc. Y no todos los perros, aunque sean de esa raza son aptos para este tipo de trabajo, deben tener una cierta calidad de pelo. Es un trabajo complicado, aunque los perros no sufren”

Defiende el trato con los animales y asegura, emocionada, que “el perro es el ser más noble que hay” y advierte que “generalmente, los perros son iguales a su dueño”

Su trabajo tiene un poco de psicóloga. Empieza desde que el perro entra por la puerta. María observa al animal con detenimiento, desde sus movimientos hasta la relación con su amo. “Viendo la cara del animal, puedes conocer su carácter. Muchas veces, ves la nobleza reflejada en ella. Otras veces, simplemente, con ver al perro y su comportamiento inicial, ya sabes que debes tener cuidado y tomar precauciones, pero por lo general, no hay problemas. A un perro no le puedes ni chillar ni alterar. Hay que llevarle muy pausado, pero con decisión. Como diciendo yo llevo los pantalones y que sepa que vas a hacer la sesión se ponga como se ponga. Hay que tener un trato firme. Poco a poco el animal se va calmando. Por lo general se dejan trabajar”

No hay un tiempo determinado para un trabajo de peluquería canina. Normalmente suelen ser sesiones de 90 minutos, pero echando la vista atrás, recuerda casos en los que ha llegado a estar “hasta seis horas y me tuvo que ayudar mi compañero veterinario tirando poco a poco de los pelos que estaban enmarañados con un bisturí abriendo los nudos”. “No me gusta hacer a los perros muy deprisa, cuando cito a un perro agendo exclusivamente a ese perro y luego después, cuando ese perro se va cito a otro, pero nunca junto a perros, porque no me gusta

Para estar al día, María sigue viendo y estudiando sistemas y modelos de trabajo. Asume que “la peluquería canina son modas, porque había una época me traían muchos Yorkshire y perros pequeños, por ejemplo. Ahora sí me están viniendo más perros grandes. Vienen muchos Border Collie, por ejemplo y al principio tuve muchos de Shih Tzu, que ahora se ven menos. Aquí en el pueblo hay mucho Yorkshire, West Highland, Border Collie, Labrador y Golden Retriever”

Otra línea de negocio que ha ganado mucho peso en los últimos años es el de la alimentación. Un mercado en permanente evolución y el que también tienen mucha importancia las tendencias de cada momento. “En la alimentación también son modas, afirma María. Ahora lo que más se vende es lo natural, que es verdad que tiene una parte muy sana, pero también es cierto que hay muchos animales que les favorece más una proteína más pura. No a todos les tienes que sentar a todos de la misma manera”.

El futuro de Tú Mascota pasa por “seguir centrándome tanto en la peluquería como con la alimentación. Damos un servicio muy personalizado.  Recomendamos alimentos, y eso en todos los sitios no lo encuentras. No es fácil vender pienso necesitas unos conceptos. Suelo hacer cursos de nutrición para poder recomendar mejor”

María está en un momento de tranquilidad. Tu Mascota es un comercio consolidado que camina con paso firme hacia los 30 años ya con las puertas abiertas. Reconoce que “ahora tengo un punto de vista más tranquilo y trabajo con lo que más me gusta como son los perros y los gatos, que también vienen por aquí

Con el presente claro y el futuro planificado, María echa la vista atrás para recordar a perros con los que estuvo muy unida porque fueron pacientes suyos desde que nacieron hasta que fallecieron. Con los animales ha vivido de todo, pero se queda con su nobleza y su lealtad y la certeza de que, con ellos, “no vale alzar la voz sino ser firmes”. Ellos entienden.